Lo que me pasó con Vueling y mi chucho

Este verano pasado fuimos de vacaciones a Mykonos.
Por H o por B, vete tú a saber, nos encontramos a un perro abandonado en medio de la carretera, a punto de ser atropellado.
Lo recojimos y nos lo trajimos a España.
El problema era que, aun cumpliendo con todo el papeleo legal del perro, vacunas, etc. Vueling (compañía con la que teníamos contratados los billetes de vuelta) no nos lo puso nada fácil.

Después de enviar 5 mails y llamar más de 10 veces conseguimos hablar con alguien del servicio de información al cliente que nos dijo que no podíamos llevar al perro, pues él + el transportín pesaban más de 8 kilos, que es el máximo permitido. Buen punto, pues la flexibilidad de Vueling fue cojonuda, el perro y el transportín pesaban unos 8,2 kilos, cosa que podía poner en peligro a los demás pasajeros de la cabina. Todo el mundo sabe que los aviones se estrellan por transportar a perros.

Total, que después de intentar que Vueling nos dejara llevar al chucho porfa-plis, tuvimos que comprar nuevos billetes con Aegean Airlines, una compañía más comprensiva y perder la pasta de los billetes de vuelta. Todo esto en mitad de agosto, con lo que los precios estaban por las nubes.

La broma acabó saliendo por más de 400 euros.

Muchas gracias señores de Vueling. Espero que algún día les metan uno de sus aviones por la parte de la bodega.
El perro está bien, gracias.














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